Archive for Septiembre, 2008

Los lunes incultos

Martes, Septiembre 16th, 2008


Cartón de Goya ¿Por qué?

Goya sí era imparcial

 

            Los lunes son días muertos para la cultura. El pasado lunes día 15, por ser mi cumpleaños, decidí cultivarme un poco más y me programé para zambullirme en un buen museo por la mañana, y rematar la jornada viendo una buena obra de teatro. Pues ni lo uno ni lo otro. Simplemente porque era lunes.

            Alguien me dijo que es una normativa europea, y siempre que te dicen eso te quedas en blanco y te resignas porque no sabes qué responder o de quién quejarte. En mi infancia sólo los churreros y las rotativas descansaban los lunes, con lo que el primer día de la semana, amén de tener la obligación de volver al colegio o a trabajar, según la edad, era un día especialmente triste y desangelado.

            Mi madre me recitaba un viejo dicho –que he sido capaz de recordar 60 años después-, que retrataba muy bien el diferente ánimo con que los trabajadores veían pasar los días de la semana y la disculpa para no rendir como mandaban los cánones. Decía así: Lunes… galbana; martes… malagana; miércoles… tormenta; jueves… malacuenta; viernes… torrija; sábado… cobrar; y domingo…¡a descansar!

            Pero volvamos al genial Goya y Lucientes, que encabeza esta reflexión. Como los milagros siguen dándose, digan lo que digan los agnósticos, encontré un museo abierto, y además un muy buen museo de gran solera, donde enriquecer mis ojos y mi mente, el Museo de la Real Academia de Bellas Artes de San Fernando, que está en la calle de Alcalá a dos pasos de la Puerta del Sol, donde a diario cientos de turistas de dentro y de fuera se empeñan en pisotear el Km 0 porque dicen que así volverán a Madrid (¿)

            Dos enormes cartelones colgando de la fachada anunciaban la exposición “Goya, cronista de todas las guerras, los desastres y la fotografía de guerra.” Naturalmente todo lo que huele a Goya es bueno y sugerente, pero también debo reconocer que el largo título llamó poderosamente mi atención y allá que me metí con mi esposa.

            No seré yo quien a estas alturas descubra las maravillas de los grabados de Goya, y máxime los ahora en boga sobre las animaladas que los gabachos de Napoleón hicieron en nuestra tierra y a nuestro pueblo hace doscientos años. Me guardo las manidas expresiones como terroríficas, impactantes, crueles, desgarradoras, sanguinarias, y así un largo etcétera. Por más veces que veas esos grabados y aguafuertes, siempre te sobrecogerán el ánimo y te obligarán a retirarte un paso atrás para reponerte del shock y tomar aire de nuevo. Goya es mucho Goya.

            En cambio, el relleno de la exposición con fotografías en blanco y negro (algunas coloreadas falsamente), nos recuerda que la evolución de la fotografía ha ido emparejada a multitud de guerras en las que el nuevo ingenio encontró un buen campo –el de batalla-, para acreditarse sobradamente ante la posteridad.

            Pero, (hay un pero), la aportación de imágenes de nuestra última guerra civil (me refiero a la de 1936), que calculo en más de cien, vuelve a caer en la tentación de hablar de una sóla de las dos Españas que se estuvieron matando entre sí durante mil terribles días. Llevo más de 30 años estudiando aquella guerra, y miles de horas de investigación archivística y documental, y esa constancia me permite identificar muchísimas fotos como si las hubiera hecho yo mismo.

            Los organizadores de la exposición no se han preocupado en ponerle pie a las fotos, algo que siempre deja al visitante con mal sabor de boca, y baja el listón de la calidad del indudable esfuerzo desarrollado, pero a los historiadores no se nos escapa que al rato de analizar las fotografías elegidas, te das cuenta que sólo son los soldados del Ejército Popular los que aparecen una y otra vez, incluidos los Internacionales, naturalmente.

            Un texto complementario escrito en la pared con grandes caracteres, advierte que las fotografías pertenecen al archivo de la Biblioteca Nacional (unas 27.000), de donde han sido seleccionadas las allí expuestas. Yo he pasado semanas repasando ese archivo de fotos y puedo garantizar que ambas Españas estaban allí presentes, y ambos Ejércitos, y las dos trincheras en los frentes de guerra, y los efectos de los bombardeos de unos y otros. ¿Quién, cómo y por qué ha escogido únicamente las instantáneas de uno de los bandos? ¿Seguimos dale que dale con lo de la llamada Memoria Histórica, que mejor se debiera llamar Media Histórica, porque solo nos cuenta una muy particular y tendenciosa mitad de lo que realmente pasó?

            Al final es Goya quien da la lección en el conjunto de la exposición, poniendo la balanza en su sitio con sus bocetos desgarradores. Sus dibujos acusan las atrocidades de los invasores franceses, pero no deja de recordar el resultado de la furia española sobre el gabacho, tantas veces contenida e impotente, con una violencia y saña que pone los pelos de punta. Ambos contendientes están presentes, ambos denunciados en medio del horror, ambos inhumanos, pero siempre ambos.

            Me quedo con la Memoria Histórica de don Francisco de Goya y Lucientes, porque él sí quiso dejar grabado para el conocimiento de las generaciones venideras la verdad absoluta, sin amaños ni disfraces, de la guerra que a él le tocó vivir, la de la Independencia.

 

Reencuentro con un amigo

Domingo, Septiembre 7th, 2008

Ayer fue el aniversario de Javier.-

            Berta, la hija de mi buen amigo Javier Muñoz, me ha invitado a una reunión cuasi familiar para recordar a su padre, que hace ahora un año que nos dejó para siempre. Los que ya tenemos más de medio siglo de edad con propina, no sabemos ubicar el tiempo en su justa medida. Cualquier hecho nos parece muy próximo o muy distante, según parámetros que no podemos controlar. Para mí, Javier se fue hace escasas semanas a lo sumo, nunca meses, y dudosamente hubiese admitido el largo año de silencio que afirma Berta. Pero, ¿quién mejor que ella para saberlo?

            Es la primera vez que acudo a un aniversario familiar y amistoso de estas características, a cielo abierto, en la sierra de Madrid, saludando a personas a quienes jamás he visto antes, pero con las que sabes tienes en común algo impalpable, la ausencia-presencia de Javier.

            Javier se fue tan deprisa, que no me dio tiempo a asumir que su viaje era el definitivo, y además él se empecinó en que no le fuera a ver postrado, sabiéndose tocado de muerte. Hubiese sido muy duro, tanto para él como para mí, intentar mantener un coloquio forzado, conociendo que aquella visita era un adiós, lo disfrazáramos como lo disfrazáramos. Por eso, Javier una vez más tuvo razón, y respeté su sabia tozudez. Me costó mucho no desobedecerle, porque el primer sentimiento de cariño te impulsa a acudir presto para agarrarte a él e intentar impedir que se vaya, pero si se tiene que ir, que no lo haga ni en silencio ni en soledad, sino sintiéndose arropado y querido por quienes hemos compartido algo de su vida.

            Luego, cuando la parca se salió con la suya y arrastró consigo el genio y figura de Javier, cuando sólo dejó una imagen hierática rodeada de flores, conseguí mi momento de soledad con él, pero de soledad compartida, porque los dos volvíamos a estar frente a frente.  Le miraba a través de un cristal, como muchas veces en el trabajo, enclaustrado en su oficina prefabricada, pero esta vez no hubo guiños cruzando el vidrio en ambas direcciones, sino mi monólogo de única dirección. Repasé mentalmente con Javier algunas de nuestras vivencias de los últimos 40 años en la NASA. Me reí, y lloré, pero no estuve ni un momento sólo. Pude oír el eco de sus chistes, de sus ironías y de sus recuerdos de la infancia, tan próxima a la mía, cuando en nuestras largas vigilias laborales mirando y “escuchando” a la Luna, pasábamos horas hablando de nuestras correrías por el barrio, en aquel Madrid provinciano de la posguerra tardía.

            Berta propició con su convocatoria de ayer el que entre unos y otros fuéramos dibujando en el ambiente la figura de su padre. El calor anímico de los familiares y amigos allí presentes consiguió trasladar a Javier al centro del círculo, que inconscientemente habíamos ido abriendo para él. Y sabiéndole allí con nosotros, hablamos de él, y le leímos poesías, y removimos anécdotas, frases y gestos tan suyos, que llevaban claramente la “denominación de origen Javier”, y naturalmente nos emocionamos.

            De vuelta a casa, ya noche cerrada en la carretera, fui repasando con sabor agridulce aquellos momentos recientes, a la vez que pensaba en las palabras de mi amigo Luis, quien afectado como yo, me había dicho minutos antes: “Los homenajes hay que hacerlos en vida.”

            ¡Gracias Berta por habernos dejado estar con tu padre unos minutos más!

 

Reflexión espacial

Martes, Septiembre 2nd, 2008


El madrileño López-Alegría ampliando la Estación Espacial Internacional

Es condición intrínseca del ser humano la búsqueda incesante del conocimiento y del saber, allá donde éstos se hallen, sin aceptar fronteras ni limitaciones, y el espacio exterior no podía ser una excepción.

            Hoy, inaugurado ya el siglo XXI, del que se esperan tantas maravillas, el hombre hace a diario sus pinitos fuera de nuestra querida Tierra, y sus ingenios incluso han abandonado el Sistema  Solar. Por si fuera poco, se ha arriesgado a enviar mensajes a otros posibles mundos habitados, a la vez que busca ansiosamente similares saludos extraterrestres.

            Pero ¿qué es lo que realmente ha buscado el hombre durante milenios mientras observaba de noche la bóveda celeste? Quizás estos versos de Gerardo Diego sean una razón:

 

                                 Y arriba, las estrellas, las eternas y fieles

                                 estrellas, agitando sus mudos cascabeles,

                                 lágrimas para el hombre que no sabe llorar.