¡Ya vienen los reyes…!


Los mejores Reyes ¡…por el arenal…!

Continúa diciendo el añejo villancico. Curiosa y melindrosa manera de referirse a los aledaños del gran desierto de Arabia. Aunque no por ello sea inexacta, porque es un auténtico arenal, y lo puedo confirmar porque lo he pisado no ha mucho.
De toda la agresiva parafernalia en que la sociedad de consumo ha convertido la tradición religiosa de la Natividad del niño Manuel, yo personalmente me quedo con la Epifanía, es decir, con la visita que tres señores sabios venidos de allende hicieron al Ilustre nacido.
Estos días he visitado en Madrid unos cuantos “Nacimientos” o “Belenes”, por curiosidad, por tradición, y porque espero que mi humilde presencia anime a sus entusiastas hacedores a persistir en tan tierna tradición. Que nadie diga que visto un “Belén”, vistos todos. La creatividad, la sensibilidad, y muchas veces el arte de sus creadores, resaltan los sentimientos humanos que por unos días nos afloran a todos. ¡Qué lástima que sólo sea por unos días!
Amén de tus propias sensaciones, es grato escuchar los comentarios de quienes se detienen a tu lado para admirar la misma escena que tú. A pesar de las posibilidades que nos brinda la técnica moderna, siempre es el toque rústico sin más, el que atrae nuestra atención, el que nos hace recordar a los mayores cosas reales vividas en nuestra infancia, como la lavandera en el río, el señor haciendo gachas o la castañera calentando el ambiente, y a los niños los animalitos domésticos y campestres, que ya no tienen ocasión de ver por la calle, como lo hacíamos a diario quienes nacimos varias décadas atrás.
Pero sin duda son los tres Reyes Magos los auténticos divos del celebérrimo conjunto cristiano. Son los ricachones de la variopinta troupe que puebla casas, campos y colinas. Sus ropajes y aprestos deslumbran -y desentonan a la vez-, con la palmaria humildad del resto de los personajes, desde el niño Jesús –siempre en cueros y helado de frío-, al más modesto pastorcillo. Pero no hay que echárselo en cara, a fin de cuentas eran reyes, al menos en la tradición católica, porque el Evangelio de San Mateo dice simplemente “magos”, apeándoles cualquier tratamiento real.
Y esos Reyes venían de Oriente (hoy siempre en llamas) para hacer el bien, mucho bien, y aunque suponemos que ni el oro, ni el incienso, ni la enigmática mirra fueron los juguetes adecuados para el Bebé celestial, el resto de los niños cristianos que han ido poblando el planeta, sí han recibido de esos dudosos Reyes, regalos, prebendas, juguetes y alegrías sin fin, y lo que es mejor, a la carta, para que Sus Majestades no tuvieran que estrujarse el magín con cada uno.
Esos Magos de San Mateo –que sus colegas evangelistas, San Lucas, San Juan y San Marcos, no mencionan en absoluto, ellos sabrán porqué-, han sido durante siglos portadores de la mayor de las magias, la de crear ilusiones sin freno en millones de niños de cientos de generaciones. ¿Cuantos nervios hemos aquilatado en nuestra infancia durante la interminable víspera del 6 de enero? Por mucha edad que aquilatemos los del pelo blanco, seguimos sintiendo un placentero estremecimiento cuando añoramos nuestras propias vivencias infantiles, en las vísperas de la Epifanía.
Cuando yo era niño -hace más de medio siglo-, el Rey Mago de piel oscura que aparecía en cabalgatas y fiestas infantiles, era un voluntario dispuesto a llenarse la cara de betún porque en España, o al menos en Madrid, había carencia absoluta de ciudadanos de etnia negra. Esa circunstancia la corrobora el hecho de que mi padre me llevara en una ocasión a la Plaza de la Cibeles para ver a un “guardia urbano” (se llamaban así los policías municipales que hoy día ignoran a los semáforos y desordenan el tráfico rodado), porque era de raza negra, de la Guinea Española (ahora Guinea Ecuatorial) No hace falta decir que hoy en día, en España ya no es necesario el betún, al menos para tal regio menester.
Otra de las incómodas situaciones que no he acabado de superar, es la de saber quien es Gaspar, quien Melchor y quien Baltasar. De pequeño, cada adulto a quien preguntaba me contestaba una cosa diferente, con lo que ante la duda opté por dirigirme a ellos cuando surgía la ocasión de darles el besito de rigor, pinchándome con su barba, de llamarles Majestad. De adulto, ya con el Nuevo Testamente leído y releído, pude constatar que San Mateo jamás mencionó sus nombres, y ni siquiera cuantos eran. Esa leyenda, que hemos aceptado como tradición, nació siglos después de aquellos hechos que conmemoramos cada Navidad, y es mejor dejarla correr, porque lo que verdaderamente cuenta es el cargamento de ilusión que traen a este mundo, cada vez más incrédulo y deshumanizado.
En mi infancia no se había inventado Cortylandia, y ni siquiera el Corte Inglés, y la cohorte de los tres benéficos monarcas, de escuderos, pajes, camelleros, etc., era tan vistosa como varonil. Era una época muy machista, y todos eran hombres (menos los camellos, claro) Ahora los servidores de Sus Majestades de Oriente son mayoritariamente preciosas zagalas, con coloridos leotardos y gorrito emplumado, que atraen la mirada golosa de los papás, mientras sus retoños, más prosaicos, solo tienen ojos para los Reyes apoltronados en sus vistosos tronos.
De nuevo se me viene a la memoria nuestra ínclita ministra de la Igualdad -de cuyo nombre no quiero acordarme-, con su insistencia en rematar las palabras en “a” para definir el sexo femenino. Si públicamente repitió sin pudor alguno los vocablos “miembros y miembras”, para definir a componentes de ambos sexos, pienso que en estas fechas exigirá que igual que se les llama “pajes” a los servidores reales del sexo masculino, se las llame “pajas” a las del sexo opuesto. De nuevo me opongo.
¡Feliz Navidad, y que los Reyes Magos (y los otros) se porten bien con todos!

3 Responses to “¡Ya vienen los reyes…!”

  1. Julia Says:

    Estoy de acuerdo en que pajes siga siendo pajes, ja, ja. Yo siempre he sido seguidora de Los Reyes Magos, y desde que existe Papá Noel, más aún!

  2. Caro Says:

    Abajo Papá Noel, Arriba sus Majestades los Reyes Magos de Oriente.
    Me encantan tus descripciones. Y me gusta mucho más “Epifanía” en vez de “el día de Reyes”.
    ¡Qué bonitos y vivos recuerdos!
    ¡Qué bonito todo!

  3. ecyrasohete Says:

    ecyrasohete…

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