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Derrochador Espacio

Jueves, Octubre 30th, 2008


¡Pan para todos!

¡Inventemos, que algo queda!

Me lo han preguntado tantas veces, que ya no sé que cara poner cuando contesto. ¿No sería mejor gastar toda esa fortuna que se lleva la investigación espacial en dar de comer a la gente? Indudablemente, quien eso pregunta, no tiene ni idea de los puestos de trabajo que la investigación espacial mantiene, ni de los excelentes resultados de los que nos beneficiamos todos, incluida la reducción de la hambruna, penosa lacra de la Humanidad.
No son del dominio público, y lo debieran ser, las incontables mercedes que la Era Espacial ha venido vertiendo desde 1957 sobre nuestras vidas. En el desarrollo de la investigación espacial, se ha dado una circunstancia muy peculiar, la de que conocida una dificultad se procediera a soslayarla o eliminarla, inventando el adminículo adecuado. Así en las primeras comunicaciones con los satélites, los equipos transmisores y receptores de tierra contaban con aquellas voluminosas lámparas, llamadas también válvulas, refrigeradas por aire e incluso por agua, que consumían amperios al por mayor, mientras que los satélites llevaron desde el primer momento los escuálidos transistores, que por color, tamaño y forma parecían auténticas onzas de chocolate.
La presencia del hombre fuera de su protegido hábitat terrestre, ha exigido el desarrollo de trajes y escafandras específicos que le permitieran soportar drásticos cambios de temperatura, como los de la superficie lunar donde el sol achicharra durante el día con 123º centígrados, mientras que por la noche el termómetro desciende a 233º bajo cero. No es un capricho el que los trajes lleven siete capas de diferentes tejidos para evitar los letales rayos gamma, “x” y ultravioleta, amén de los posibles micrometeoritos que se crucen en su camino, aunque con éstos es mejor que no tropiecen.
¿Se le ha ocurrido a alguien pensar que los conocidos “dodotis” y demás variantes de pañales higiénicos han sido inventados para que los lleven los astronautas durante horas y horas, en sus viajes o durante sus paseos fuera de la nave? En una ocasión, el astronauta Charles E. Brady, que voló en la Columbia (STS-78) en el verano de 1996, me comentó con detalle lo engorroso que es embutirse en el traje espacial, empleando por término medio una hora y cuarenta y cinco minutos, y con la ayuda imprescindible de otro colega, y a ser posible de dos. No hace falta decir que si después de tal operación llega un apretón, solo un pañal de características muy concretas puede sacarle a él y a la misión del apuro. Había que inventar el ”dodotis”, y se inventó.
La medicina y la salud han demandado un magno esfuerzo de nueva creatividad para superar incontables problemas, y así podemos contar ahora con la telemedicina, los sistemas para la detección de cáncer, leucemia o células embrionarias, y los sensores microscópicos.
En el Espacio se necesita una determinada cantidad de energía eléctrica para que todo lo que sube allí pueda funcionar. Para ello ha habido que desarrollar los paneles solares o las baterías de hidrógeno, que ahora nos brindan aquí “abajo” medios de transporte limpios y sin contaminación. ¿Puede alguien concebir no disponer de teléfono móvil? ¿Se le ha ocurrido pensar cómo se ha llegado a esa técnica tan avanzada?
Otro buen ejemplo son los sistemas utilizados para algo tan cotidiano como el control del tele peaje en las autopistas, o las múltiples posibilidades que nos brinda el sistema Internet para contratar servicios, hacer gestiones bancarias, reservas de billetes, o compra-venta a gentes de otros continentes, y así un interminable etcétera.
Si nos referimos al ámbito industrial, el Espacio es una fuente continuada de nuevos materiales como los cerámicos, capaces de soportar las temperaturas extremas de la reentrada en la atmósfera de los ingenios espaciales. Son materiales que, por ejemplo, se utilizan para fabricar los frenos de los automóviles de competición de “Fórmula 1” o los aislantes de los tubos de escape. Raro es la vajilla que metemos en el horno o en el microondas, que no haya sido fabricado para las necesidades astronáuticas. Y hablando de microondas, que sepan las amas de casa y los “amos de casa”, que tan cómodo menaje también es fruto espacial.
En cuanto a los nuevos materiales, destacan los derivados de la fibra de carbono, cuyo empleo para tablas de surf y esquí, las pértigas de salto de altura, o las jabalinas olímpicas, han revolucionado las prestaciones de esos deportes.
No podemos olvidar tampoco las técnicas de diseño aerodinámico empleadas en los vehículos espaciales, que han permitido mejorar la línea de las embarcaciones marinas y la vela deportiva.
Para no extenderme más, concluiré hablando de la aplicación en sistemas que mejoran la seguridad de las personas, como los airbags, que ahora llevan todos los automóviles, los frenos ABS, la detección de la contaminación de los océanos, la predicción de desastres naturales mediante los satélites de observación de la Tierra, el correcto proceso del curado de los jamones (¡hasta eso hemos llegado!), o los novedosos GPS que ahora llevamos todos en el coche o en el bolsillo, y que no sabemos circular sin ellos.
Los experimentos botánicos para mejorar y enriquecer el crecimiento de plantas en condiciones extremas como la de la ausencia de agua, que es lo habitual en las zonas de hambruna, son una de las prioridades en la larga lista de experimentos que se han desarrollado en ingravidez durante décadas, y que se continúan estudiando en la Estación Espacial Internacional que orbita la Tierra cada hora y media. Ese costosísimo esfuerzo internacional es más que loable, y es una pena que no se le de la publicidad adecuada para acallar esos comentarios baratos de andar por casa como el que ha iniciado y motivado este escrito.

Visita a Bucarest 3ª parte

Jueves, Agosto 7th, 2008

           


Bucarest

Que no parezca que todo fue negativo en Bucarest, ni mucho menos. Su gente, por ejemplo es de lo más amable, y cuando por evidente ignorancia de su idioma, acabas dirigiéndote a ellos en español, te preguntan si eres italiano, al negárselo y confesarle la verdad, esbozan una sonrisa muy de agradecer. No sé porqué será. Quizás si yo fuera italiano no me gustaría esa sonrisa. En fin, a cada cual lo suyo.

            Dado el calor que he pasado –hemos pasado todos los que estuvimos en junio pasado en capital rumana-, y la necesidad de reponer constantemente líquido en nuestro desfallecido metabolismo, caímos en el bendito vicio de beber cerveza. ¿Hay algo mejor contra el calor? Pues los rumanos, tienen el buen gusto de que –tanto si pides cerveza de grifo, como si sólo la tienen en botella-, te la sirven en grandes copas heladas de 500 ml, es decir, medio litro para los que no quieran hacer cálculos aritméticos engorrosos. ¡Un hurra por ellos!

            Una de cal y otra de arena. Tras recorrerme el llamado “centro”, me paseé por los arrabales que encontré como los de cualquier otra gran capital europea, pero con una salvedad, la de los perros. Andando observé que había más perros sin dueño de los que a mí me gusta ver, pero como ellos y yo íbamos a lo nuestro, no le dí mayor importancia, al menos durante el día.

            Pero ¡héteme ahí que una atardecida salí a pasear con algunos amigos –afortunadamente éramos una decena-, cuando detectamos que los cánidos tendían a agruparse en jaurías y a molestar con magnífica exhibición de colmillos a quienes andábamos cerca de ellos. El eludirlos acelerando el paso, cambiando incluso de dirección no nos valió de nada, porque al final tuvimos que emprender un trote corto hacia el hotel del que habíamos salido, y ser salvados inesperadamente por un motorista que pasó junto a nosotros y atrajo con el ruido de su moto-cascajo la atención de los chuchos peludos y tiñosos que optaron por acercarse a morderle las pantorrillas todos a una.

            Jamás volvimos a salir de anochecida por aquellos lares, ya que ninguno llevábamos escopetas de posta, que hubiese sido lo ideal. Pero lo que me dejó patidifuso es que casi todos, por no decir todos aquellos desabridos canes, llevaban una ficha bien visible taladrada en la oreja, es decir que en algún momento un agente de la autoridad les había capturado, fichado, y ¡hala, a la calle! , a la caza del viandante timorato y despistado.

            Es un detalle por parte del Ayuntamiento –suponemos que es el culpable-, que gracias a su control, eficacia y dedicación puedas leer el letrerito que lleva en la oreja el animal que te está devorando. Al menos sabes que las fauces que están acabando contigo no son de un desconocido cualquiera.

(continuará)

Visita a Bucarest 2ª parte

Martes, Agosto 5th, 2008


Bucarest

Los taxis.-

Haber servicios públicos, los hay, pero si dispones de una cierta soltura económica, y cuando vas de turista no sueles mirar mucho la pela, pues optas por el taxi. Antiguamente, en España los temerarios, los “novios de la muerte” iban a la Legión, ahora en Rumania puedes tener una experiencia similar cogiendo un taxi.

Partiendo de la base de que el taxista te quiera coger a tí, que estando en parada de taxis, con cara de aburrimiento y prometiéndoles una larga y sustanciosa carrera, te dicen con todo descaro que no conocen el hotel al que quieres ir. Como se da el caso de que es un formidable edificio-complejo de 4 estrellas al que llegan docenas casi constantemente, tienes que optar por bajarte del taxi “renuente” y buscar uno a lazo, porque el resto de los de parada hacen causa común y se niegan a llevarte. Allá ellos.

Por fin se hace el milagro y se detiene uno que te acoge caritativamente. Ahí viene la auténtica odisea. Por alguna extraña razón, los taxistas de Bucarest llevan en la mano izquierda un teléfono móvil al rojo vivo, porque no paran de hablar por él. Los adelantamientos, las curvas y los frenazos son efectuados por un manco porque el móvil no lo sueltan nunca. La velocidad oscila entre los 80 y los 120Km/h, lo que en ciudad es un enorme riesgo, pero que parecen aceptar todos ellos sin alterar una ceja.

Pero sazonemos más la experiencia comentando que algunos (muchos aunque no todos), se presignan -y lo hacen tres veces-, cada vez que pasan por delante de una iglesia, que las hay a centenares. Ese es el momento cumbre, cuando tus ojos se van al volante y lo encuentran vacío. ¡Nadie conduce, porque el taxista es un señor muy especial que habla por teléfono y reza con las manos al mismo tiempo. y todo eso a unos 100km/h en ciudad.

Luego vienen los tranvías, que tiene sus railes para ellos solos. ¡Bueno, eso es lo que ellos y los ajenos al pais creíamos! Los taxistas para adelantar enfilan los railes dando saltos sobre las traviesas y el defectuoso adoquinado, y no se amilanan cuando ven venir el tranvía de frente, porque es este, cargado de viajeros el que tiene que detenerse brúscamente para que el taxislta vuelva en última instancia a la calzada.

Pero aún puede ser más entretenido si el taxi lleva en el frontal, junto al taxímetro un pequeño televisor en color con un serial o partido de futbol del máximo interés para el taxista. La reacción del viajero es instantánea, ya que el taxista no mira hacia delante porque el yelevisor atrae su atención, es el viajero quien se deja los ojos mirando hacia adelante, esperando el impacto súbito en cualquier momento.

¿Qué cómo cambian de marcha si llevan las manos ocupadas? Muy facil, pasan la mano izquierda con móvil y todo por encima de los muslos y por debajo del volante, y en una extraña contorsión rascan con alegría el embrague, mientras siguen hablando por el diabólico cacharro y presignándose, y todo a 100km/h.

Yo he sobrevivido a la experiencia, y por eso lo cuento. Supongo que otros no habrán podido hacerlo. R.I.P.

El lince es más valioso que el ser humano

Viernes, Agosto 1st, 2008


Cabeza de lince

Ayer estrené pacífica y plácidamente el nuevo tramo de doble vía de la llamada carretera de los pantanos, desde Alcorcón hasta Navas del Rey (que los del lugar llaman “Las Casas”)

Llevaba 39 años haciéndolo ininterrumpidamente camino de mi trabajo en la Estación Espacial de Robledo de Chavela. Tantos años dan mucho de sí y proporcionan anécdotas y vivencias de todo tipo, pero las más endémicas han sido siempre las vidas que se han sido arrebatadas en los difíciles adelantamientos por el único y concurrido carril disponible. Yo personalmente recuerdo a seis compañeros que murieron trágicamente en dos accidentes, porque esa carretera (creo que es la 501), ser había quedado obsoleta dos décadas atrás debido al intenso tráfico que la inunda a diario.

Loado sea el Señor, que alguien con sentido común y la tozudez imprescindible jha seguido adelante con las obras, evitando así el chorreo de muertes que por frecuentes nos resultaban aburridas.

Pensar que las obras han estado paralizadas porque al parecer alguien ha venteado un posible rastro fecal de un lince, que nadie ha visto, y que con esa prueba en la mano haya podido detener unas obras que venían reclamando su conclusión cada vez que otra vida al volante se iba para siempre, pone los pelos de punta.

Se me ocurre pensar en que cuando el Imprerio Romano comenzó su red viaria en la Vía Apia, en Roma, para comunicar y comunicarse con un enorme imperio que desbordaba Europa, Africa y Asia Menor, hubiese surgido un “green” piándolas para interrumpir las obras porque había visto una avutarda, un faisan o yn colibrí en el entorno que podían ver alteradas sus costumbres por la polvareda y el escándalo de los esclavos de obras públicas, posiblemente habría acabado en los leones del circo Máximo, fuera cristiano o no.

Afortunadmente los ecologistas no se habían inventado aún, con lo que buena parte de los europeos fuimos civilizados, a la fuerza, pero civilizados por la Pax Romana. Nuestras raices culturales son romanas, como lo son nuestras leyes y nuestro idioma. Podemos estar orgullosos de ello. Hay en cambio otros pueblos, más concretamente en un pequeño rincón del norte de España, que alardean orgullosos de tener un huesecito más en la cabeza, un RH sanguineo diferente al resto de los mortales, y lo que es más grave, que nunca fueron romanizados. Ahora entiendo que su nivel de inteligencia se mida por el tamaño de las piedras que levantan o por troncos que tronchan a golpe de hacha.

Pero volviendo a la carretera de los pantanos, que sea en horabuena. Y mi agradecimiento a quien lo haya conseguido.